| El Museo de Cerámica de l'Alcora está
ubicado en un edificio de la calle Tejedores, erigido en 1907 en
el histórico barrio de la Sangre. Consta de tres niveles, planta
baja y dos alturas, distribuidos alrededor de un patio central y
comunicados por una escalera con pasamanos modernista de hierro
colado. Ocupa un solar de 232 m2 con un total de 524 m2 de superficie
útil. El edificio posee unas características arquitectónicas especialmente
atractivas desde el punto de vista museístico: por una parte, sus
tres alturas se articulan en torno a un pequeño patio central que
determina el aprovechamiento museográfico de estas instalaciones;
por otra parte, contiene una variada y rica azulejería de principios
de siglo que le confiere un interés añadido para su uso como museo
de cerámica: el continente se coliga así con el contenido, formando
parte activa del discurso museal que se ofrece al visitante. |
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| Merecen ser destacados también otros elementos
estructurales del inmueble: la viguería de madera de la planta superior;
el tejado a vertiente interior a modo de impluvium, y la moderna
cúpula que cierra el patio y dota de unidad al conjunto. Respecto
a la organización espacial, las limitaciones impuestas por los condicionantes
arquitectónicos quedan atenuadas por la dedicación de casi el 80%
de la superficie útil a la exposición, tanto permanente como temporal,
reduciendo a la mínima expresión las áreas privadas o internas del
Museo (documentación, administración, conservación, almacenes...) |
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| El visitante puede, así, recorrer
la práctica totalidad del edificio y admirar, además de las colecciones
expuestas, los elementos estructurales antes señalados, entre los
cuales merece especial consideración la azulejería de las diferentes
estancias convertida hoy es una de las principales señas de identidad
del edificio, siendo de destacar los modelos del acceso principal
(con motivos clasicistas), galería (con diseños geométricos de aire
islamizante) y escalera, con haces de piñas sobre fondo mixtilíneo.
Como en cualquier edificio histórico reconvertido en museo, el respeto
a la estructura original del inmueble y a los elementos patrimoniales
que lo constituyen determinan el Programa Museológico y su aplicación
práctica. |
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| En el caso del Museo de Cerámica de l'Alcora,
el principal factor arquitectónico que interviene es la articulación
del espacio disponible en tres alturas. Lejos de ser un imponderable,
esta distribución tripartita se aprovecha para ofrecer al visitante
tres ambientes expositivos individualizados. La planta baja, donde
originariamente se ubicaban los corrales y aperos agrícolas, fue
saneada y convertida en sala de exposiciones temporales a la que
se accede a través del luminoso patio, antes abierto y hoy cerrado
por una diáfana cúpula que posibilita un mejor aprovechamiento del
espacio central del edificio. Mediante una dinámica programación,
la sala de exposiciones temporales permite ofrecer al público muestras
artísticas o documentales, tanto itinerantes como de creación propia,
que ayudan a completar y contextualizar la exposición estable del
Museo. |
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La primera planta, en origen destinada a vivienda,
ha sido objeto de algunas transformaciones, eliminando tabiques
y creando espacios más amplios, adecuados a las nuevas necesidades.Es
de destacar, en este nivel, la decoración un tanto ecléctica del
antiguo salón, a base de molduras, apliques, columnas ornamentales
y falsas arcadas, combinando elementos clasicistas con otros neogóticos,
que junto al pavimento hidráulico le confieren cierta originalidad
dentro del edificio. |
| Además de dos pequeñas estancias destinadas
a funciones internas (dirección - administración y taller - almacén),
la primera planta del Museo alberga la colección de Cerámica de
l'Alcora, en la que se incluyen tanto la afamada producción de la
Real Fábrica de Loza y Porcelana del Conde de Aranda, fundada en
1727, como la obra de fábricas y ceramistas posteriores, mostrando
al visitante una somera pincelada de casi tres siglos de producción
cerámica local, marcada por la incuestionable calidad alcanzada
en el siglo XVIII y continuada con notable dignidad hasta nuestros
días. La segunda planta se presentaba como un gran espacio continuo
en torno al hueco central del edificio. Sus condiciones como espacio
expositivo han sido puestas en valor mediante la acertada combinación
de los elementos originales del edificio (en especial la cubierta
de madera y teja catalana a vertiente interior) y las aportaciones
de las obras de rehabilitación (pavimento de gres y sistema de iluminación
puntual sobre estructura metálica). La colección de Cerámica Contemporánea
dispone, así, de un magnífico marco en el que las cualidades estéticas
de cada obra quedan convenientemente realzadas. |
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